Desde tiempos inmemoriales,
cuando la historia no era más que un impreciso
esbozo narrado por los victoriosos, hemos existido los Bardos:
narradores, cronistas y poetas; artistas, juglares y trovadores;
tejedores de sueños que recogían mitos y leyendas,
de las canciones ancestrales, de los evanescentes sortilegios,
del arrullo del tempestuoso mar o del canto de las ninfas del bosque,
para transmitirlos durante generaciones entre aquellos
que nos quisieran escuchar, sumidos en un embrujado deleite.

Y es ahora, en esta Era donde la magia se diluye
junto con la esperanza de las gentes,
cuando nuestro pulso ha de redactar con renovada pasión
y nuestra voz resonar más allá de los sueños
.

Toma asiento y escucha con atención.

Siempre habrá un cuento que narrar.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Todo son cenizas (prólogo)


Por la mañana, el cielo había estado despejado. Esa noche las nubes se agolpaban furiosas, reclamando su parcela de firmamento para teñirlo de gris y depositar su ira incontrolable.


Ricardo lo veía desde el coche. Siempre que iba a llover, la vieja herida de la pierna comenzaba a dolerle, un rayo periódico que vaticinaba dolor y una tromba de decepción. Pero eso no era lo que le importaba en ese momento. Francamente, poco o casi nada le importaba. Se había esforzado mucho para conseguirlo, a golpes de miseria y de fracaso.



Contemplaba, sin poder evitarlo, lo que sí le importaba todavía. Vio la luz de la habitación, brillando como el tenue parpadeo de una promesa todavía por cumplirse, en el quinto piso de la fachada. Sólo un punto de luz. Sólo eso. Pero no podía dejar de mirarlo. Sabía que tras ese pequeño brillo, se ocultaba todo lo que fue y todo lo que podía haber sido. También todo en lo que se había convertido, todo lo que era en ese momento.


Sacó del bolsillo de su gabardina la foto. Daba pena verle, y lo sabía, desaliñado, maloliente, había perdido el interés por cualquier cosa. Pero, en cambio, la foto estaba intacta, impoluta, como si de alguna manera quisiera aferrarse a lo que representaba, a la oportunidad que se iba desvaneciendo a cada segundo. Encendió un cigarrillo mientras la observaba, y de reojo, también la luz de la fachada. Hasta que ésta última cesó. Eran las diez de la noche de un martes, la hora en la que las ilusiones se apagaban, los mundos convencionales se iban a dormir, pero el suyo, poco a poco, volvía a funcionar.


Perdido entre sus pensamientos, las cenizas del cigarro cayeron sobre la foto. Se asustó,

y la sacudió con una extraña mezcla de delicadeza y furia. No, eso no. Eso no podía perderlo también.

Las cenizas la emborronaron un poco, pero actuó a tiempo. Había salvado la imagen, aunque lo que se veía en ella se había perdido hacía tiempo. La limpió con cuidado y volvió a guardarla en la gabardina.


La certeza era absoluta.

Todo eran cenizas.


Arrancó el coche, dejando de lado todo ese mundo que fue suyo y tiró por el retrete; consciente de que la pausa en su rutina había acabado, y era hora de ponerse en marcha. Era hora de trabajar.

4 comentarios:

Ikana dijo...

Mosquis, que depresión D: Vas por capítulos o por relatos? :3

Axel dijo...

¡Buenas noches! Haces muy bien en preguntar, porque la verdad es que no lo he aclarado por aquí. Es el principio de un relato que estoy escribiendo, y que pretendo (y digo pretendo porque me conozco) ir publicando, aunque es muy posible que vaya intercalando otras cosas.

He publicado ya tres relatos aquí de la misma serie que éste (La Rosa Verde). Dos acabados y uno al que le falta sólo la conclusión. Estás invitadísima a echarle un vistazo si te apetece, sólo pinchando en la etiqueta "La Rosa Verde" los verás todos. Son relatos sobre la esperanza, aunque cada uno tenga una temática a priori totalmente diferente.

¡Muchas gracias por comentar!

Axel dijo...

Y sí, la verdad es que muy alegre no es...

Ginebra dijo...

El renacer de las cenizas, cual ave fénix…ese momento en el que sientes liberadas y cicatrizadas tus alas, incitándote a volar…volar y sentir todo lo que sabes que está ahí, y por lo que has de luchar prendiendo de nuevo la llama de tus sueños, esos que hacen funcionar tu corazón…

Inmersa en tus letras, te sigo…

Un placer amigo ;-)

Bsos