Desde tiempos inmemoriales,
cuando la historia no era más que un impreciso
esbozo narrado por los victoriosos, hemos existido los Bardos:
narradores, cronistas y poetas; artistas, juglares y trovadores;
tejedores de sueños que recogían mitos y leyendas,
de las canciones ancestrales, de los evanescentes sortilegios,
del arrullo del tempestuoso mar o del canto de las ninfas del bosque,
para transmitirlos durante generaciones entre aquellos
que nos quisieran escuchar, sumidos en un embrujado deleite.

Y es ahora, en esta Era donde la magia se diluye
junto con la esperanza de las gentes,
cuando nuestro pulso ha de redactar con renovada pasión
y nuestra voz resonar más allá de los sueños
.

Toma asiento y escucha con atención.

Siempre habrá un cuento que narrar.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Regalos


Inseguro y confuso, como el niño que a ratos todavía soy, te observo distante sin poder atravesar del todo el muro transparente que nos separa. Lo rozo con la yema de los dedos, anhelando saber lo que hay detrás sin poder siquiera imaginar el torrente eléctrico que surca cada pensamiento.

Sólo puedo tocar ese muro, y decirte a ciencia cierta, todo lo que lanzo contra él, a veces con calma, otras desesperadamente, casi todas espectante. Es todo lo que te regalo.

Te regalo mi miedo, enorme, aunque escondido bajo toda la frialdad que puedo reunir. Esa frialdad es tuya también.
Te regalo mis sueños, uno a uno, desde el más ínfimo, insignificante y precioso, pasando por los que quizás cumplí; hasta los más, los imposibles, sueños que nunca cumpliré, que todavía me persiguen, que todavía persigo. También mi realidad, mucho más predecible y gris, pero toda tuya si la quieres y alcanzas a pintarla de cualquier otro color.

Te regalo la brisa que me despierta cada mañana, anhelando el regalo de un nuevo día, quizás rutina encubierta bajo falsa prótesis de ilusión, pero todavía por esconder tanto que se niega a ser entregado... Quizás tú puedas desentrañarlo. Ojalá puedas.

Te regalo el futuro, cerrado en mi puño. Retira dedo a dedo, y hazlo tuyo. Porque parece imposible, pero cada segundo que arañes te hará un instante más inmortal.

Te regalo un espejo, en el que veas tu reflejo, y te cerciores de la luz que te recorre de los pies a la cabeza, haciéndote brillar de tal manera que quien se atreva a mirarte de frente, comprenderá el verdadero significado de resplandor. Ojalá seas consciente de ese brillo, de lo que eres, de lo que puedes llegar a ser.

Si me lees, te regalo cada letra que escribo. Si me oyes, te regalo cada palabra, cada susurro, cada certeza, cada inseguridad. Sólo tienes que abrir los ojos, o escuchar atentamente. Ni mucho menos nada de lo que escriba o diga será importante o digno de tu atención. Pero es tuyo. Guárdalo, quémalo, atesóralo. Es tu decisión.

Y cada lágrima que aún me queda por llorar. Y cada carcajada, cada parpadeo. Cada lamento, cada paso en falso y cada acierto, por nimio o determinante que haya sido, que vaya a ser, que sea en este preciso instante. Ojalá pudiera regalarte un poquito de la chispa que has generado en mí y verla devuelta en tu sonrisa. Sólo eso, sólo un instante de tu sonrisa, valdría más que todos los regalos que lanzo contra el cristal.

Y por supuesto, te regalo tanta esperanza. La esperanza que creí perdida, que seguramente volveré a perder, pero en este momento concreto, sé que aunque se derrame a borbotones, siempre, siempre, siempre, vuelve, por cada momento por el que merece la pena desesperadamente luchar para ser feliz.

Todo te lo lanzo con fuerza, esperando alcanzar un punto de ese muro donde no rebote, lo escuches de alguna manera, y gires la cabeza. Y acierte a ver tu mirada. Acierte a sumergirme en ella, contando cada segundo del privilegio que supone mirarte a los ojos y perderme en ti. Cada uno de esos segundos será algo nuevo y mágico, con lo que estaré burlando a la tristeza, a la desesperanza y al olvido.

Sin nada en absoluto que perder. Con todo un mundo infinito de posibilidades que ganar. Porque aunque no arañe a ver la superficie de, ese, tu mundo, aunque todavía ahora, y quizás para siempre, sólo te observe a través de un muro irrompible... cada vez que me devuelves la mirada...


... gano.

2 comentarios:

María dijo...

Ganar... al devolver la mirada, al leer tus letras, al volar con tu fluir, un placer sumergirme en tu blog.

Un beso.

Ginebra dijo...

Y que difícil no caer en la senda de tus palabras…que sencillo abrigarse bajo ellas, bajo ese traslúcido y sedoso manto que acaricia todos y cada uno de los sentidos, que te hace sentir princesa en un cuento de hadas, en ese mundo que creaste y forjaste con tus sueños, y que sin apenas darte cuenta sientes tus pies descalzos caminando sobre su tierra, roja y húmeda, sin mas piedras que las que sostienen el castillo de tus anhelos.
Tu vida entre dos mundos paralelos, tan locos e inciertos como bellos y etéreos…
Y allí, entre ellos, un muro inmenso, aquel que deseas traspasar, por el que alzarías tus alas y comenzarías a volar, volar…dejando atrás la desesperanza de un mundo, muerto…

Gracias…por hacerme sentir hoy princesa…

Precioso, amigo…

Bsos…