Desde tiempos inmemoriales,
cuando la historia no era más que un impreciso
esbozo narrado por los victoriosos, hemos existido los Bardos:
narradores, cronistas y poetas; artistas, juglares y trovadores;
tejedores de sueños que recogían mitos y leyendas,
de las canciones ancestrales, de los evanescentes sortilegios,
del arrullo del tempestuoso mar o del canto de las ninfas del bosque,
para transmitirlos durante generaciones entre aquellos
que nos quisieran escuchar, sumidos en un embrujado deleite.

Y es ahora, en esta Era donde la magia se diluye
junto con la esperanza de las gentes,
cuando nuestro pulso ha de redactar con renovada pasión
y nuestra voz resonar más allá de los sueños
.

Toma asiento y escucha con atención.

Siempre habrá un cuento que narrar.

domingo, 22 de enero de 2012

Y cada susurro... será canción


Es el sentimiento que guía mis pasos, que aún enlenteciéndolos, en realidad los hace cada vez ser más fuertes y certeros. ¿Que lo desconocido está en frente de mí? No me queda más que sacar mi machete, y a fuertes tajos, despejar el camino, para buscar el privilegio de contemplar el horizonte.

El mundo fue oscuro, realmente aterra saber que lo sigue siendo, pero eso debe quedar atrás. Los puntos de luz son tan difusos, tan difícil discernirlos con claridad, ser verdaderamente consciente de su existencia. Pero sé que existen. Los veo, ¿sabes?

Con mi cazamariposas, busco y recolecto esos puntos de luz, porque no merece la pena vivir un segundo más en oscuridad. ¿Optimismo ciego? No, en absoluto. Convencimiento de que otro mundo es posible. Quizás es que te he visto sonreír.

Paradoja, sobre todo cuando no es sólo mi mundo el que tiende a desmoronarse... sino toda la realidad, aquejada de tantos males que ponerse a contarlos, en este momento de esperanza, sería desalentador. Pero también veo la luz en los ojos de tantos hombres, la querencia de cambiar. La posibilidad de creer, y de la fe a la voluntad, tiene que haber sólo un paso. Lo habrá, ¡puede haberlo!

Es el sentimiento, el que duerme cuando suelo malvivir, el que despierto a golpes, el que capta cada movimiento a mi alrededor. El que me dice qué es por lo que merece la pena luchar. Lo que diferencia los cantos de sirena, lo que me anima a no atarme al mástil de proa, para ser yo quién distinga esos cantos y quién los evite, escuchando cada nota en todo su volumen, magnitud y esplendor. Mi juicio.

Es cada nueva palabra que te escucho, es el susurro tenue, discreto, que silba un sonido sosegado, de manera que es difícil captar verdaderas palabras. Pero las hay.

Porque ésta es la contienda que merece la pena ser luchada. Porque ver tus ojos, y luchar por poder volver a verlos, sea cuando sea, sea como sea, es algo que merece tanto la pena. Comprender cada palabra, darle forma, intuír cada sonrisa, lejos, cerca, en cualquier lugar.

El camino sigue, tanto dejo atrás, tanto busco y puedo encontrar que no pararé un minuto. Sin prisa, sin pausa, con el tiempo y la voluntad como aliados. Olvidando mis prejuicios, considerando mis temores, su valor y repercusión, pero sabiendo que puedo vencerlos, que puedo ser valiente. Coger tu mano al caminar, en círculos, hacia ningún lugar, pero viajando a todos los lugares imaginables. Tú y yo. Todo es posible. Todo gira, todo es nuestro, todo lo será... ¿por qué no?

Y ojalá lo comprendas como creo que empiezo a comprenderlo yo. Si lo comprendes, la magia existirá. Si no, tendré la certeza de haber caminado, por primera vez en mucho tiempo en línea recta, y haber intentado sortear obstáculos que indiscutiblemente, merecía la pena ser sorteados. Todo es natural, todo fluye. Todo sigue su curso.

Es el sentimiento que consigue; gracias, gracias, gracias; hacer que siga hacia delante, que hoy, quizás no mañana, pero sí hoy; sienta, toque, mire, saboree. Que escuche los silencios, que capte sus recovecos sabiendo de todas, todas, que hay algo más.

Y cada duda será certeza. Y cada mentira será engullida por la verdad. Cada minuto se detendrá, pudiendo así palpar y contemplar el mundo, dándole forma a nuestro antojo.

Y cada susurro... será canción.

1 comentario:

Ginebra dijo...

Y qué mejor que nuestros sentimientos guiándonos en el tan difícil camino¿?...incluso aun cuando eso nos causa daño, siempre, vale la pena…
Esa busca insaciable de la felicidad, de esa luz, que nos aporte todo aquello que necesitamos y deseamos para sentirnos plenos…

Cautivadoras y profundas tus letras y el sentir que hay tras ellas…

Un placer visitarte, siempre…

Muackss!! ;-)