Desde tiempos inmemoriales,
cuando la historia no era más que un impreciso
esbozo narrado por los victoriosos, hemos existido los Bardos:
narradores, cronistas y poetas; artistas, juglares y trovadores;
tejedores de sueños que recogían mitos y leyendas,
de las canciones ancestrales, de los evanescentes sortilegios,
del arrullo del tempestuoso mar o del canto de las ninfas del bosque,
para transmitirlos durante generaciones entre aquellos
que nos quisieran escuchar, sumidos en un embrujado deleite.

Y es ahora, en esta Era donde la magia se diluye
junto con la esperanza de las gentes,
cuando nuestro pulso ha de redactar con renovada pasión
y nuestra voz resonar más allá de los sueños
.

Toma asiento y escucha con atención.

Siempre habrá un cuento que narrar.

sábado, 2 de enero de 2010

Lobo

El Lobo Estepario
Hermann Hesse

Yo voy, lobo estepario, trotando
por el mundo de nieve cubierto;
del abedul sale un cuervo volando,
y no cruzan ni liebres ni corzas el campo desierto.

Me enamora una corza ligera,
en el mundo no hay nada tan lindo y hermoso;
con mis dientes y zarpas de fiera
destrozara su cuerpo sabroso.

Y volviera mi afán a mi amada,
en sus muslos mordiendo la carne blanquísima
y saciando mi sed en su sangre por mi derramada,
para aullar luego solo en la noche tristísima.

Una liebre bastara también a mi anhelo;
dulce sabe su carne en la noche callada y oscura.
¡Ay! ¿Por qué me abandona en letal desconsuelo
de la vida la parte más noble y más pura?

Vetas grises adquiere mi rabo peludo;
voy perdiendo la vista, me atacan las fiebres;
hace tiempo que ya estoy sin hogar y viudo
y que troto y que sueno con corzas y liebres
que mi triste destino me ahuyenta y espanta.
Oigo al aire soplar en la noche de invierno,
hundo en nieve mi ardiente garganta,
y así voy llevando mi mísera alma al infierno

Siempre he sentido una profunda fascinación por los lobos, especialmente por aquellos que abandonan la manada, y son libres para matar, son libres para amar. Su supervivencia está supeditada por su soledad, no tienen que cuidar, ni alimentar, ni preocuparse por nadie, sólo por sobrevivir, sólo por resistir en el inhóspito medio que siempre envuelve al lobo solitario.
Vagando nostálgicos en la espesura, rastreando melancólicos en la tundra, cazando a sus presas en su retiro de la llanura y retornando a su descorazonado retiro cada noche, donde maldicen a la soledad aullando a la luz de la luna.

Odiado por sus iguales, temido por los profanos que se aventuran por la inmarcesible estepa o los interminables campos de la imaginación, entre el desprecio y el terror, su lamento es la melodía de las noches más oscuras y cerradas. Un alarido que evoca libertad, pero un alarido que también evoca tristeza y muerte. Piensan que no necesitan a nadie para conseguir lo que desean, mas en su interior, sienten su corazón repleto de apatía, desazón y contradicción. Pues en su libertad no son libres, están atenazados por una necesidad que los marchita irremediablemente.

Es por ello que el lobo solitario siempre muere... a no ser que, en los plúmbeos ecos nocturnos, encuentre respuesta a su lamentación.

Esa respuesta es la compañía... la compañía de alguien con quien puedan compartir su corazón, venciendo de esta manera, y para siempre, su trágica soledad.

Y juntos, envueltos por el manto de la noche, aullarán unidos en un apasionado canto sobre una escarpada colina proyectando sus voces por el ancho valle...

... durante toda la eternidad.

1 comentario:

Susurros Mortales dijo...

Yo también me siento enamorada a todas horas, tanto en invierno como en cualquier otra época del año, durante toda la eternidad.

Espero que ya no te sientas como un lobo solitario, porque ya no estás solo.

Besitos.