Desde tiempos inmemoriales,
cuando la historia no era más que un impreciso
esbozo narrado por los victoriosos, hemos existido los Bardos:
narradores, cronistas y poetas; artistas, juglares y trovadores;
tejedores de sueños que recogían mitos y leyendas,
de las canciones ancestrales, de los evanescentes sortilegios,
del arrullo del tempestuoso mar o del canto de las ninfas del bosque,
para transmitirlos durante generaciones entre aquellos
que nos quisieran escuchar, sumidos en un embrujado deleite.

Y es ahora, en esta Era donde la magia se diluye
junto con la esperanza de las gentes,
cuando nuestro pulso ha de redactar con renovada pasión
y nuestra voz resonar más allá de los sueños
.

Toma asiento y escucha con atención.

Siempre habrá un cuento que narrar.

viernes, 26 de noviembre de 2021

La Isla

A principios del siglo XX, en plena época de exploración y aventuras, se descubrió una isla misteriosa en medio del océano, y rápidamente se extendieron los rumores sobre las riquezas que se podían encontrar allí. Muchos exploradores quisieron encontrar ese lugar. Entre ellos, tú. Por desgracia, había un volcán situado en el centro de la isla y ha entrado en erupción. La isla se hunde. Todo se hunde. Ha llegado el momento de escapar... 

 

Y tú, aquí estas,

remando a la contra,

mientras aquello en lo que creíste se hunde

quemando tus fuerzas para huir de esa isla a la deriva,

y yo, allí estoy,

perdido a favor del viento,

en una isla desierta olvidada por el mundo,

y cuando digo desierta quiero decir: 

"sin ti todavía pero contigo".

- ¿Cuántas noches durará más este naufragio?

le preguntas en grito a la oscuridad.

- ¿A cuántos despertares estoy de ti?

le pregunto a mis ojeras clandestinas.

Quizá tú no esperabas navegar,

quizá yo no esperaba este insomnio,

Es muy sencillo que todo se quiebre

cuando el mundo parece de cristal.

Y ahora que todo empieza a arder,

quedan piratas llenando galeras de oro,

a costa de la fuerza de la potestad ajena

que vio como sus sueños se hundían a plomo.

Pero "hasta aquí" nos diremos, joder,

mientras todo se reduce a cenizas alrededor,

ya no dejaremos que la codicia de otros

tenga que ser nuestra única opción. 

 

 ... "The Island" es un juego en el que los jugadores están al frente de un equipo de exploración que debe abandonar una isla central que se hunde. Los Exploradores pueden llegar a otras islas con un bote que les mantiene peligrosamente a flote. Aunque también podrían hacerlo de forma más lenta: nadando. Esta travesía está llena de peligros, y tendrán que evitar serpientes marinas, ballenas y tiburones. Sobre todo "tiburones". 

¿Llegarán a salvo a la isla donde volver a empezar? 

Quién sabe. 

La cuestión es no perder esta oportunidad. 



 

 A jugar.




(Nota de Bardo: Sí, ya sabes lo que hay en la caja. Pero ábrela, por si acaso, no vaya a ser que nos hayan hecho "el paso")

miércoles, 23 de septiembre de 2020

Lluvia

Tendrá que llover

que llueva de una vez

y se empape el malestar,

y se colmen las palabras,

y nos mojemos la verdad.

Que llueva ya

en una lluvia torrencial

que se lleve los milagros

que devaste la ciudad

retorciendo cada andamio

con los puños cerrados,

el pecho abierto en canal.

Vendrá como un tifón

como un huracán,

y los que gritan: nunca lo hará

serán los primeros en hundirse

y los que siempre nadaron en contra

por fin sabrán lo que es llegar.

A remar, ponte a remar,

que se viene la tempestad,

entre el cieno y el barro,

nadie se atreverá a juzgar,

nadie, ni los de siempre,

ni los de jamás,

sólo habrá lugar para valientes

que no saben todavía que lo son

que se atrevieron a mojarse

cuando la lluvia no era más

que lágrimas incandescentes.

El mundo sumergido, ahogado,

y aquí sólo respira la poesía...

mientras respire yo.

lunes, 1 de julio de 2019

Sigue corriendo

No hay vaso medio vacío que aunque no lo pretendas acabes de llenar a rebosar

No hay ni sueño ni espejismo, que sólo con un guiño, no conviertas en absoluta realidad

No hay lamento ni suspiro, que cerca de tu brillo, no se silencia en el momento...

No hay ni muro de cemento, ni manto tan oscuro, que te tape, te detenga te haga ir más lento.


Y te veo corriendo, y es que no entiendo, la suerte que tengo, de ver que nunca pararás,
sabiéndote eterno, no pisas el freno, y sigues corriendo, qué importa que venga detrás,
porque nada te alcanza, derribas los muros, con solo un soplido, creas un nuevo vendaval,
eres como un rayo, que deja a su paso sueños encontrados, mentiras reales para creer en magia real...

… corriendo en una estela de magia real...

Y aunque caerás, veo como te vuelves a levantar...

Tú sigue corriendo... ¡Sigue corriendo!

Y aunque nos dejarás atrás, el mundo está a tus pies...

Tú sigue corriendo... ¡Sigue corriendo!


No hay monstruo escondido,   grito ni susurro, ni miedo encarnado, ni trampas que no esquivarás,
No hay cruda tristeza que detenga tu risa, sólo una sonrisa, sé que todo ira más que bien,
No hay derrotas que tapen todas las victorias que brotan y botan mientras tu juegas a jugar,
Jugando en una estela de magia real.


Corre como el viento, inmune a todo desaliento...

¡Tú sigue corriendo! ¡Sigue corriendo!

Juega en movimiento, juega, mientras sueñas con jugar, mientras...

¡Sigues corriendo! ¡Sigues corriendo!

Y aunque caerás, veo como siempre te levantarás...

¡Sigue corriendo! ¡Sigue corriendo!

Y aunque nos dejarás atrás, el mundo se rinde ante ti...

¡Sigue corriendo! ¡Sigue corriendo!

lunes, 22 de abril de 2019

Espiral

 ¿Sabes? Anoche soñé que soñaba,

por eso cuando desperté no fue suficiente para despertar,

seguía soñando a, por lo menos, 20 sueños por segundo.

"Sólo basta con abrir un poco los ojos", me dirían los despiertos,

"Si me decís eso, es que seguís durmiendo", les respondería yo.

Nunca antes había tenido los ojos tan abiertos para mirar,

nunca antes había estado tan arriba sin sentir vértigo,

nunca antes había pensado que caer era sinónimo de volar,

porque he estado cayendo hacia espacios infinitos de la mente,

sin saber que una mirada me conectaba con todas las cosas del cosmos,

y en ese insondable lugar, que en otro tiempo fuera incertidumbre,

resuena una vibración profunda en un caos que no deja de girar.

- ¿Eres tú? - Preguntó mi voz ingrávida emergiendo desesperada desde algún lugar del garabato.

- Eres tú. - Me respondí a través de tus ojos. 

Y ya no fue necesario saber. Sólo sentir. 

Sentir. 

SENTIR EN ESPIRAL.

lunes, 24 de diciembre de 2018

El Intronauta

Año 2018. 23 de diciembre. 4:45 de la madrugada.

Era otra noche cualquiera de insomnio. Hacía unas horas que había leído un mantra: “Quien mira hacia afuera sueña; quien mira hacia adentro despierta”. No necesitaba más razones para volver a intentar dormirse. Así que encendió la lámpara de su escritorio y empezó a escribirle a esa mortecina luz que alumbraba, y que paradójicamente se parecía a la inspiración que sentía. No estaba del todo iluminado, pero no lo necesitaba para brillar dentro de su propia habitación. Nadie más le vería. Abrió el portátil, como aquel que abre el arcón de un tesoro y se lo encuentra vacío, y empezó a escribir.

Era uno de esos hombres de letras que escribía para esconder sus lágrimas cuando estaba triste o su sonrisa estúpida cuando sus escritos le enamoraban más que a sus lectores. Era una de esas personas que necesitaba ponerle nombre a las cosas, antes de las cosas le terminaran poniendo nombre a él mismo. Se han dado casos de escritores que han sido encerrados por sus propias palabras, y nunca jamás pudieron salir de ellas. No iba a permitir que eso le ocurriera. Pero tenía miedo. Temía quedarse sin sueños, sólo en palabras, ya que pasaba demasiado tiempo despierto, mirando hacia adentro. Y por si fuera poco, no estaba solo. Había una Ella.

Era una de esas mujeres de palabra a la que un escritor podía encadenarse como si no hubiera nada digno de escribirse más allá de lo que ella significaba. Era una de esas personas que sólo tenía que sonreír para hacer mejores los poemas. Los que aún no existían pero existirían, aunque supiera que no iban a ser siempre los suyos. Pero no era un buen lugar para encerrarse. No lo era, porque ella sólo tenía sentido cuando se escapaba. Y a Ella la encontraba cuando miraba de soslayo hacia adentro, pero tenía la mirada puesta lejos, mucho más lejos que en el afuera. Viajaba. Ella estaba despierta, y aun así soñaba.

“Entonces ya sé lo que soy yo”, escribí.

Soy un intronauta. Camino mirando al cielo, pero sin dar un paso, y ya no recuerdo lo que es el horizonte. Viajo hacia adentro de mí mismo. Voy de día en día, como de estación en estación, en el tren de mi cuerpo, asomado a las calles y a las plazas, a los gestos y a los rostros, siempre iguales y siempre diferentes. Si te escribo, viajo. Si te imagino, viajo. Si tú viajas, viajo. ¿Pero viajo de verdad? Todo viaje es un viaje hacia uno mismo, vayas a donde vayas, estés donde estés. Pero para viajar hay que ir, hay que estar. Viajar es tener tu propio mantra: “Quien mira hacia adentro sueña, con poder mirar hacia afuera y despertar.”

Viajar es no tener cadenas.

Nunca pensé que las tuviera, hasta este año 2018, un 23 de diciembre, a las 4.45 de la madrugada.

Guarda tú estas cadenas rotas.

lunes, 17 de diciembre de 2018

Hombres que no saben aullar

Érase una vez un joven que no podía conciliar el sueño, porque durante las noches no hacía más que inventar historias. Pero un día su vida cambió, cuando conoció a una mujer, de la que no sólo se enamoró perdidamente, sino a la que también le contaba todas esas historias. Esto era un gran alivio para él. Sin embargo, ella era una Mujer Salvaje, y sólo tenía sentido cuando era libre y podía hacer su voluntad. Al principio, todas las noches, ambos yacían juntos, mientras él le contaba cuentos y ella se adormecía entre sus brazos. Pero entonces empezaron a aullar los lobos, y cuando eso ocurría, ella desaparecía y él se quedaba solo.

 El joven se sentía muy desdichado, porque temía que algún día la Mujer Salvaje no regresara a su lado cuando hacía caso a esos aullidos. Por eso, lo único que se le ocurrió fue inventar todavía más cuentos, más historias, para intentar retenerla, como si pudiera encerrarla entre palabras. Y esta no fue la solución. Trató de aprender a aullar, y no lo hacía mal. Tenía espíritu de lobo. Pero esa no esa su verdadera naturaleza. Y cuando se ama a alguien, no se debe luchar contra uno mismo. Él lo comprendió deprisa. Comenzó a aprender. No podía ser siempre él quien le contara esos cuentos, esas historias. Tenía que ser ella, la Mujer Salvaje, la que lo eligiera a él para contárselas o la que se marchara con los aullidos cuando deseara y con quien quisiera.

 Nadie supo que fue de estos dos enamorados, pero se dice que él aún sigue escribiendo historias para ella...


 ... aunque ella se marchó hace tiempo a correr libre con los lobos.

sábado, 8 de diciembre de 2018

Sin control


Me descontrolo. 
Ando al borde de precipicios porque me da la gana, 
y a veces lo que parece es que quiero caerme, 
para saber que es verdad, que todo esto existe en serio
no sólo se queda en una realidad que sólo puedo ver 
a través de unos ojos mojados por las lágrimas. 

 Entonces vuelvo a tener esa manía de mirar hacia atrás 
cuando te tengo delante en plan ‘aquí y ahora, hostia’, 
pero me acostumbro a verte en lo que éramos antes 
que no me doy cuenta lo acojonante que es eso 
 de no poder ver el futuro pasar ante tu mirada 
y claro, casi siempre lo que no has vivido 
es lo que te llena de dudas, supongo. 

 Y te descontrolas 
sí, claro que tú, ya sabes quién, 
porque te suelo vestir con mis poemas y mis movidas, 
aunque sabes que te prefiero desnuda y desafiante. 
Que te bailas las noches a pesar de las heridas, 
y no necesitas a nadie que venga a tocarte las palmas. 

Todas esas vidas a las que parece que tienes que renunciar 
porque sólo tienes una, porque sólo tienes esta 
y está pasando, y se está pasando mogollón contigo. 
Por eso cuando encuentras una que te gusta, 
te encuentras y es cuando más te gustas. 
Y me gustas. Y me asustas. Lo reconozco, pero me conoces 
y te prefiero tan así, estás tan guapa siendo tú… 

Así que te escribo uno de tantos, 
(¿me volverás a leer algún día 
para tocarte donde nadie más te toca?) 
porque si me llega ese día de no estar 
y tú te sigues encontrando en estos versos, 
no habré vivido en vano, no habré muerto del todo,
porque estar vivo siempre quise que fuera esto, 
una botella medio llena o medio vacía 
y todas estas ganas de vivirnos cada sorbo, 
 sin controles de alcoholemia, 
sin controles del amor. 

 Estar vivo es esto que tengo contigo. 

“Pensaba que hacerse mayor te daba algo más de control”, 
 pero me doy cuenta que no es así, no es así…  
y tiro p’alante porque no hay otro modo de no caerse.