Desde tiempos inmemoriales,
cuando la historia no era más que un impreciso
esbozo narrado por los victoriosos, hemos existido los Bardos:
narradores, cronistas y poetas; artistas, juglares y trovadores;
tejedores de sueños que recogían mitos y leyendas,
de las canciones ancestrales, de los evanescentes sortilegios,
del arrullo del tempestuoso mar o del canto de las ninfas del bosque,
para transmitirlos durante generaciones entre aquellos
que nos quisieran escuchar, sumidos en un embrujado deleite.

Y es ahora, en esta Era donde la magia se diluye
junto con la esperanza de las gentes,
cuando nuestro pulso ha de redactar con renovada pasión
y nuestra voz resonar más allá de los sueños
.

Toma asiento y escucha con atención.

Siempre habrá un cuento que narrar.
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miércoles, 28 de mayo de 2014

Jaulas

"Ni tú has nacido para vivir enjaulada, ni yo para tener todas las llaves..."


No quiero que me digan "tu chica". Ni "tu pareja". Ni "tu amor". No es mi propiedad, no la he comprado, no la retengo en una jaula. Ella y yo, caminamos un camino distinto, con un origen distinto, con un destino distinto, aunque es bien cierto que, en ocasiones, cuando nos da la gana, nos encontramos. Y puede que yo la acorrale contra el colchón de la cama. Y puede que yo la señale para decirle que la he vuelto a elegir. Entonces le puedo susurrar al oído: 'amor mío'. Entonces le puedo decir con la mirada: 'tuyo es mi corazón'. Pero todo esto es una ficción.

Llega un instante, por fortuna, en el que alguno de los dos, -generalmente ella, porque yo soy hijo único y nunca aprendí de verdad lo que es compartir- se escapa, se esconde, se difumina. La distancia se abre entre los dos, pero es una distancia que siempre estuvo ahí, que siempre estuvo abierta. Y me vuelvo a dar cuenta otra vez. Vuelvo a pensar que lo que nos hace estar verdaderamente enamorados no es compartir siempre el mismo lugar. Sino tener la misma distancia, y elegir cuando queremos recorrerla para acortarla o para ampliarla.


Y entonces me quedo observando la curva que se dibuja en su costado, que es el origen y el fin de todos esos caminos que algún día quise recorrer, y me siento dichoso de haber sentido esa ficción de haberla poseído alguna vez. Me doy cuenta que es como un pajarillo que, en cualquier momento, podría echar a volar.

Y es por eso que no me acostumbro a decir 'mi chica', 'mi pareja', 'mi amor'.. No quiero poseerla por completo: me gusta pensar que todo puede pasar, que cualquier día, igual abro la puerta y descubro que se ha largado para siempre por la ventana.

Eso me aterroriza.

Pero también me encanta.
Pero también me hace sentir bien, 
jodidamente bien.


Y es por eso que ojalá la persona a la que amo jamás sea mía.
Porque aunque la pueda tener a ratos,
como la quiero siempre
es libre.

viernes, 19 de julio de 2013

LIMBO

¿Qué extraña oscuridad es ésta que me invade y me rodea como si yo necesitase de su abrazo?. ¿Qué marchita tierra es ésta que piso y me aferra para impedir mi vuelo?. ¿Qué negro sol es el que me observa desde lo alto, privando a mis ojos del fulgor radiante?.

No sé donde estoy ni de dónde vengo, pero no ignoro a donde voy, pues detrás de le mustia arboleda me espera el olvido. No hay aves, ni grillos que den música a la oscuridad. No hay brisa que den vida a los ramajes que me apuntan como dedos acusadores.

No hay nadie, ni una sombra que me acompañe en la aventura, sólo yo. Cierros los ojos evoco un alarido que se pierde incluso antes de abandonar mi cuerpo. No respiro, no hay nada que respirar. Me derrumbo, sobre la tierra,  pero sin lágrimas. El silencio me ensordece, me machaca el alma, me enloquece. Mis manos rígidas cubren mi rostro, presionándolo hasta hundir las uñas en la carne que se desgarra. No hay dolor, no hay sangre, no hay calor ni color.

Me alzo como una nube de polvo, como un fénix de sus cenizas, pero sin fuego ni pasión. Avanzo, taciturno pero seguro. Los arboles me abren paso me arrullan, me invitan, me aceptan.

Me esperaban.

viernes, 12 de julio de 2013

Mamá, quiero ser medieval


Empuñar la afilada espada,
Lucir mi argentada armadura,
Arrancar a un dragón sus escamas
y demostrar al mundo mi bravura.

Sí, hijo, y buscar el Santo Grial.
Sí, mamá, yo quiero ser medieval.

Hijo, no es más que pura fantasía.
Mamá, es lo que mi corazón ansía.

Enfrentarme a terribles peligros,
Por el día abatir enemigos.
Por la noche a la luz de las velas,
Enamorar a bellas damiselas.

Sí, hijo, un caballero sin igual.
Sí, mamá, yo quiero ser medieval.

Hijo, todo eso es pura locura.
Mamá, yo nunca presumí de cordura.

Recorrer los reinos a caballo,
Guiado por la luz de las estrellas,
y me hagan olvidar las querellas,
Que mi cuerpo sufriera antaño.

Sí, hijo, un caminante jovial.
Sí, mamá, yo quiero ser medieval.

Hijo, no sabes lo que estás diciendo.
Mamá, te lo digo como lo siento.

Y el fin de mis días llegaría,
Mientras al mal mantengo a raya,
Abrazaré la gloría, mi alegría,
Cuando mi cuerpo caiga en batalla.

Sí, hijo, con un coro celestial.
Sí, mamá, yo quiero ser medieval.

Hijo, tus deseos nunca dejes escapar.
Mamá, esta quimera quiero alcanzar

Hijo mío, nunca dejes de soñar.


lunes, 20 de mayo de 2013

Ovejas negras


Hubo un tiempo en el que todas las ovejas eran negras. 

Libres y salvajes, no había tapias ni barreras que las detuvieran. No necesitaban perros que las defendieran, ni pastores que las gobernaran. El mundo era suyo, hasta donde alcanzaran sus ojos, hasta donde les llevaran sus patitas. Pastaban lo que deseaban y entre ellas se protegían si alguien les atacaba. Pero la libertad se consigue sólo cuando se persigue. Exige sacrificio y responsabilidad. Y las ovejas comenzaron a acomodarse, perdieron su voluntad y con ella, poco a poco, su color. 

Cada vez había menos ovejas negras. Se veía alguna marrón. Y, al fin, fueron apareciendo las ovejas blancas, tal y como se conocen hoy. Estas ovejas blancas, sin voluntad, sin pasión, en lugar de perseguir su libertad, buscaban un pastor. Alguien que las guiara hacia ricos pastos y les diera protección para poder vivir cómodas y sin esfuerzo. A cambio, tan sólo tenían que darles su lana. También su sumisión. Las ovejas estaban conformes con esta situación. Todas excepto las negras, cuya lana no le servía para nada al pastor.

De esta manera, las ovejas pasaron del negro al blanco. Y las pocas que quedaron negras, fueron vistas como extrañas, incluso malvadas. Despreciadas por el resto, no tenían más remedio que abandonar los rebaños por orden del pastor, y si se resistían, los perros las devorarían sin contemplación. Casi todas desaparecieron. Mientras que cada vez había más blancas, más sumisas y más acomodadas. El pastor tenía mucha lana. Toda la que quisiera. Tanta lana tenía que terminó resultando demasiada. 

Llegó el día en el que el pastor ya no necesitaba tanta lana, y por lo tanto, ya no necesitaba tanta oveja. Los pastos comenzaron a escasear, y los perros comenzaron a morder. Las ovejas blancas no sabían que hacer. Muchas de ellas insistían, y hacían cola en la puerta del pastor, para que las esquilaran aunque fuera por un pasto menor. Estaban acostumbradas a ser guiadas que habían perdido la capacidad para decidir donde pastar por sí mismas. La situación era tan desesperada que algunas ovejas hasta empezaron a perder su lana.


Y así fue como poco a poco, algunas y por necesidad, empezaron a cambiar de color a fuerza de voluntad, al recordar que hubo un tiempo en el que todas eran ovejas negras.

Y tenían libertad.


viernes, 19 de abril de 2013

Cómo arreglar el mundo

Un científico que vivía preocupado con los problemas del mundo estaba resuelto a encontrar los medios para aminorarlos. Pasaba días en su laboratorio en busca de respuestas para sus dudas.

Cierto día su hijo de 7 años invadió su santuario decidido a ayudarlo a trabajar. El científico, nervioso por la interrupción, le pidió al niño que fuese a jugar a otro lado. Viendo que era imposible sacarlo, el padre pensó en algo que pudiese darle con el objetivo de distraer su atención. De repente se encontró con una revista en donde había un mapa con el mundo, justo lo que precisaba. Con unas tijeras recortó el mapa en varios pedazos y junto con un rollo de cinta se lo entregó a su hijo diciendo:

- Como te gustan los rompecabezas, te voy a dar el mundo todo roto para que lo repares sin ayuda de nadie.

Entonces calculó que al pequeño le llevaría diez días componer el mapa, pero no fue así. Pasadas algunas horas escuchó la voz del niño que lo llamaba calmadamente.

- Papá, papá, ya lo he hecho, he conseguido terminarlo.

Al principio el padre no creyó en el niño. Pensó que sería imposible que a su edad hubiera conseguido recomponer un puzzle que jamás había visto antes. Desconfiado, el científico levantó la vista de sus anotaciones con la certeza de que vería el trabajo digno de un niño. Para su sorpresa, el mapa estaba completo. Todos los pedazos habían sido colocados en sus debidos lugares. ¿Cómo era posible?, ¿cómo el niño había sido capaz de hacerlo?. De esta manera el padre preguntó con asombro a su hijo:

- Hijito, tú no sabías cómo era el mundo, ¿cómo lo has logrado?.

- Papá - respondió el niño-, yo no sabía como era el mundo, pero cuando sacaste el mapa de la revista para recortarlo vi que del otro lado estaba la figura de un hombre. Así que le di la vuelta a los recortes y comencé a recomponer al hombre, pues sí sabía como era.




Cuando conseguí arreglar al hombre, di la vuelta a la hoja y vi que ya había arreglado al mundo. 



Fuente: Gabriel García Márquez.

sábado, 16 de junio de 2012

Estrellas en el suelo


Se dice que el ser humano sucumbe a un deseo, extender la mano para alcanzar con los dedos el cielo. Con el paso del tiempo, casi siempre, se apacigua este sentimiento. Pero hete aquí que tenemos una excepción, un joven que sentía verdadera fascinación por el nocturno firmamento, pues desde que era niño estaba irremisiblemente enamorado de una estrella que resplandecía en un brillo eterno. Por esta razón, era conocido como Estrellado, y transcurría las noches observando el anhelo de su corazón, sintiéndose profundamente desdichado, pues sólo podía contemplarla mas no acariciarla. Era un amor desesperado. Y la estrella le sonreía de la única manera que podía: deslumbrante e inaccesible, irradiando su áureo esplendor, sumiendo al Estrellado en una profunda desazón.

Pasaba las noches encerrado en su habitación, atisbando desde su ventanal, con la mirada clavada en la bóveda celestial, encadenado a la soledad de una obsesión que se escapaba a su voluntad. Tímido e introvertido, lo único que conseguía cuando a alguien le revelaba su pasión, era que se burlara hasta la extenuación. Es por esta, y no otra razón, que se conjuró para encontrar una solución. Transcurrió el tiempo, el Estrellado creció, y a pesar de ello no perdió ni ápice de su imaginación. Era como si bajo este embrujo estelar la fantasía jamás pudiera terminar. Entre mil y un cuentos comenzó a indagar, pues de alguna manera sabía que en el interior de las leyendas se contenía la esencia de la sabiduría, el refugio para que los sueños no pasaran en el invierno frío, ni se deshicieran de calor en el estío.

Tanto se dedicó que pronto halló la primera idea para lograr satisfacer su aspiración: pensó que si reunía escaleras, todas las escaleras que obtener pudiera, conseguiría unirlas entre sí para conformar una escalinata colosal, que le llevaría hasta la estrella que cada noche le aguardaba en la oscuridad sideral. Ni un instante quiso perder, y empezó a errar buscando escaleras de todo tipo y condición, por cada lugar y cada rincón, sin importar lo que la gente pudiera opinar, hasta que amontonó las que consideraba necesarias para ascender al cielo. Cuando las hubo enderezado, inició la ascensión, paso a paso, peldaño a peldaño, subiendo a una altura que jamás había alcanzado, pero que fue por completo insuficiente. Desolado, pero no vencido, volvió a bajar, haciendo equilibrios, y cuando llegó a tierra se encontró con alguien que no había visto desde el cielo. Una chica, de ojos iridiscentes, y astuta sonrisa, que había sido espectadora de esta empresa agotadora. Ambos cruzaron una mirada y ella fue la única que habló:

- Más suerte para la próxima ocasión. 

Aunque le resultó curiosa esta afirmación, para él no era un consuelo. Además, ella tenía los pies en el suelo.

El siguiente método que pensó parecía mucho más razonable que el anterior. Había visto y leído mucho en novelas sobre viajes en globo, por lo que imaginó que si conseguía tejer una inmensa tela para que contuviera un inmenso aire en su interior, podría elevarse tanto que terminaría llegando hasta el objeto de su ilusión. Así fue como viajó por todos los continentes para adquirir las telas más resistentes, aprendió de maestros costureros el arte del bordado y, en apenas un pestañeo, su gigantesco globo ya estaba terminado. Aguardó a que la noche acaeciera, prendió el quemador, la tela ensanchó y el dirigible emprendió su elevación. Ligero murmuraba el viento, las corrientes eran propicias para satisfacer un sentimiento y el entusiasmo brotó con intensidad. Sin embargo, cuando alcanzó cierta altitud se percató de que se había alegrado con prontitud, puesto que más allá de las nubes no se elevaría y el globo oscilaba poniendo en peligro su vida. Abatido, pero nunca derrotado, tuvo que maniobrar con destreza para descender y no perder la cabeza, y cuando llegó a tierra se encontró con alguien que no había visto desde el cielo. Una chica, esa chica, de brunos cabellos, y tono pausado, que había observado este vuelo accidentado. Ambos cruzaron una mirada y ella fue, otra vez, la única que habló:

- Más suerte para la próxima ocasión.

Aunque le resultó curiosa esta afirmación, para él no era un consuelo. Además, ella tenía los pies en el suelo.

A partir de este momento, lo intentó de tantas maneras, que cada fracaso era peor que un tormento. Sobre muelles, en catapulta, con avión, incluso se planteó profundizar en el mito y despertar a quiméricas criaturas, quién sabe si un pegaso o un dragón harían caso de su desesperación. No obstante, sólo derrotas obtenía, y cada vez que eso ocurría, allí estaba ella, una chica, esa chica, de tez nacarada y desafiante semblante, con los pies en el suelo que consolarle no podía. 

Por fin averiguó, un buen día, que si quería subir al cielo, hasta las estrellas, sabía que no tendría más remedio que seguir otra pauta, que no era otra que hacerse astronauta. Siempre le había apasionado el cósmico espacio, al fin  al cabo, ahí era dónde tenía su hogar su querida estrella, que aún refulgía más que el más bello topacio. Como su existencia estaba dedicada por completo a su utópica amada, no le importó y en la carrera espacial se enroló.F ueron muchos años de pruebas y sacrificios, que a cualquiera podría haber sacado de quicio. Pero él era el Estrellado y dedicaba su vida exclusivamente a alcanzar a su utópico ser amado. En cuanto obtuvo la licenciatura, sintió que ya podía desafiar a las alturas y pensaba que con suma brevedad tendría entre sus brazos a su amado lucero astral. En cuanto tuvo la oportunidad, se enroló en una astronave espacial y con cada número de la cuenta atrás percibía que pronto saciaría su afán. Nada más lejos de la realidad. El cohete subió, la atmósfera atravesó y aunque nunca antes había estado tan arriba, su estrella aún estaba perdida en una remota deriva. Supo que vasto era el universo y ella siempre estaría perdida. Devastado y, ahora sí, rendido, no quiso esperar a que culminara la astronáutica expedición y a la Tierra regresó en una cápsula de protección. 

 Cuando llegó a tierra se encontró con alguien que no había visto desde el cielo, aunque que sabía que le esperaría. Una chica, esa chica, de ojos iridiscentes, astuta sonrisa, brunos cabellos, tono pausado, tez nacarada y desafiante semblante, con la que volvió a cruzar una enésima mirada y que, de nuevo, volvió a hablar:

- Más suerte para la próxima ocasión.

Pero esta vez no le resultó curiosa esta afirmación, y supo que no era un consuelo, a pesar de que ella tenía los pies en el suelo.

- Ya no tengo que mirar al cielo -respondió él, por primera vez.
- ¿Por qué razón, Estrellado? -pregunta ella, sin ninguna timidez.

Entonces las respuestas comenzaron a brotar, después de tanto tiempo intentando volar.

- Porque mi corazón te ha encontrado sin necesidad de haberte buscado.
- Pero tengo los pies en el suelo...

Fue cuando entendió que ella era su verdadera estrella.

-  Es por eso por lo que te quiero.


Y bajo el fulgor del firmamento imperecedero, un beso selló para siempre su amor verdadero.

martes, 5 de junio de 2012

Te regalo el futuro



Te regalo el cariño.
Te regalo mi anhelo.
Te regalo promesas, envueltas en brillo,
tuyas son mi calma y mi paz.



Te regalo mis sueños,
Te regalo el deseo.
Te regalo un espejo, con él mi reflejo,
y la luz que de mí haces brotar.

Te regalo esperanza, 
vestida de viento,
Te regalo confianza, te entrego certeza,
no quiero volver a dudar.

Te regalo mi risa, 
Te regalo mis besos,
Te regalo mi abrazo, tuyo es mi regazo,
túmbate, puedes descansar.

Te regalo una caja, repleta de vida, 
palpitan dormidos, los entresijos
de quien ya quiere despertar.

La coges si quieres,
no dudes más...
tú te lo mereces...

Lo coges si quieres,
¡deja de dudar!
tú te lo mereces...

Todo es tuyo.
Recógelo.
Todo es tuyo, 
de mis cenizas a mi corazón.

Todo es tuyo.
Recógelo.
Todo es tuyo,
de mis cenizas a mi corazón...


... pero también...

Te regalo mi miedo, 
te regalo el silencio,
te regalo mis dudas, que yo nunca olvido,
toma esta certeza, nunca dejaré de dudar.

Te regalo un incendio,
te regalo desprecio.
Te escupo miseria, te entrego mi tristeza,
olvida la felicidad.

Aunque no estarás sola,
te regalo soledad,
Aunque finjas ser libre, te entrego cadenas,
sin llave, no podrás escapar.

Te regalo el olvido,
sólo podrás recordar,
aquello que duele, traiciones, mentiras,
cada aguja, cuchillo, cada puñal.

Te regalo una caja, repleta de muerte
palpitan despiertas, mil pesadillas
de quien no quiere despertar.

Y aunque no quieras,
la coges sin más.
Tú te lo mereces...

Quieras o no quieras,
lo coges sin más.
Tú te lo mereces...

¡Todo es tuyo!
¡Recógelo!
¡Todo es tuyo!
¡De mis cenizas a mi corazón!

¡Todo es tuyo!
¡Recógelo!
¡Todo es tuyo!
¡De mis cenizas a mi corazón!

¡Te regalo el futuro!
¡Te regalo el futuro!
¡Te regalo el futuro!

¡Te regalo el futuro!
¡Te regalo el futuro!
¡Te regalo el futuro!
 

lunes, 7 de noviembre de 2011

Conformistas


Penumbras lo anegaban todo, y sólo contornos se perfilaban a través de las sombras. Esas manos, diligentes, que rasgaban el velo de las tinieblas para amoldarse en aquella ardiente figura, que gemía con cada caricia dedicada, fragmentando el hálito del amante desesperado. Como si en ese momento sólo existiera ese silencio que auguraba el más extasiante de los suspiros.

Resplandecían las miradas en la oscuridad, en un profundo obsidiana, siguiendo el hábil recorrido de los dedos sobre el arco que traza el margen de la espalda, eternizando el éxtasis, deleitándose en el estremecimiento. Y se precipita otro jadeo, la sinfonía de un mundo que se desmorona sobre otro, una piel que se anexiona a otra y unos labios que ya son sólo uno.

- Abrázame -se escabullía el susurro entre las ínfimas fisuras de sus bocas. 

La desesperación se apodera de las voluntades, e iracundas se entrelazan unas lenguas que no precisaban de charlas para entenderse. Y querían pensar, pero la razón se ahogaba en la fricción de sus desnudeces, a medida que éstas descendían a los precipicios extraviados de su deseo. Un deseo que latía, como un resorte; un deseo que se abría, como una flor. Pero, asimismo, un deseo atormentado, sufrido por aquellos cuyo amor permanece callado.


La mente rendida al corazón, el pensamiento sometido a la pasión, perdidos en la embriaguez de los cuerpos, sin preguntas que formular, ni respuestas que buscar. Palabras orquestradas por los gemidos, ya lejos se escuchaban las voces del arrepentimiento por caer en tentaciones prohibidas. Y es que no hay lugar para el pesar cuando estoy dentro de ti porque tú me dejas entrar.

Así que estalla la guerra, sin vencedores ni vencidos, en la que se invade sin piedad. Abierta a él, hendido a ella, la corriente los arrastra a la vorágine del placer, sucumbiendo a la caída de unos imperios a los que les habían prendido fuego. Roto el silencio de los gemidos, por la tiranía de los bramidos, todo comienza a ser constante, cíclico, un orden natural de ascuas y brasas, de savia y cálices, en el que todo culmina en la desembocadura de un furibundo río, más allá de sus ombligos.

- ¿Me quieres? -escapa la agonizante voz de un abatido.
- Te deseo. -el eco no podía ser más cristalino.

Una sonrisa despuntó en su rostro, al mismo tiempo que el alba asomaba por la ventana. Quizá fuera satisfacción, puede que indiferencia, quién sabe si decepción. Pero había sido suficiente para su matutina inquisición, esa era la cuestión.

Y es que, algunos, se conforman con muy poco.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Caminos


Son diversas las formas de interpretar un camino, un largo devenir, que puede, por analogía, considerarse como el propio destino, por lo que ese camino se convierte en un irremediable viaje que recorrer. También, cómo una estela que dejamos a medida que avanzamos, por lo que ese camino sólo existe cuando nosotros lo caminamos. Incluso, cuando la superstición no invade al pretendido raciocinio, los azares se transmutan en causas, que son las que nos empujan a las distintas sendas que emprendemos por acontecimientos pasados, por lo que ese camino que parecía casual en su origen, se constituye por las decisiones de nuestro caminar.

Muchos son, asimismo, los tipos de camino, tan dispares cómo entes vagan por cuántos mundos pudieran existir, pero en un punto convergen, en su final, un final que ninguno de nosotros podemos elegir y en el que ninguno de nosotros queremos pensar, no al menos cuando la disposición quiere eludir la angustia.

Aunque sí hay algo que podemos elegir, con quién queremos recorrer ese camino y hacia qué lugares queremos que nos lleve. Pero los senderos se bifurcan e, incluso, difuminan, cuando teníamos esa trascendental certeza de que conocíamos por dónde transitábamos. Ese 'quién que me acompañaba' se convierte en un 'por qué me acompañó' y ese lugar al que 'quería' llegar, no era más que el 'espejismo' de una ficción.

Pero, pase lo que pase, ocurra cuanto ocurra, a pesar de que nos empeñemos en volver la vista atrás con esa endémica melancolía que  aflige a todo ser humano que considera que cualquier pasada travesía  siempre fue mejor recorrida, el camino sigue ante nosotros, bajo nuestros pies, sea predestinado, recreado, decidido, en compañía o soledad.

Es por eso, y mucho más, que lo importante no es el fin del camino, sino el camino en sí mismo.

Y quién intenta caminar demasiado rápido, pierde la esencia de su propio viaje.

sábado, 15 de octubre de 2011

Seas quien seas, estés donde estés...


Hay noches y noches. Diferentes tipos de silencio, del tenue susurro al vacío absoluto de sonido. Oscuridades que ciegan toda luz posible, luces que derriban la oscuridad hasta el blanco inmoculado. Tanto vacío como tanto hueco o agujero que queda atrás, o que todavía no se ha recorrido.

El rostro del mundo se desfigura, en una mueca imperceptible, siguiendo mis pasos de regreso que recorren sus rasgos, uno detrás de otro, uniformes, acompasados en su desdén. Alcanzo todos los silencios, todas las oscuridades, todos los vacíos cuando la noche me alcanza, y me sume en su manto, una vez más, acogido por su fruncimiento.

Seas quien seas, estés donde estés, ni siquiera sé si te estoy buscando. Ni siquiera sé si sé buscarte, si quiero buscarte, si debo buscarte. No sé si te conozco, no sé si te perdí para siempre, no sé si acabas de aparecer.

No sé si serás quién comparta los silencios, y deslice susurros en sus adentros, no sé si lo fuiste, si pudiste transformar mi oscuridad. Muchas veces, disecciono mis pensamientos, mis recuerdos, mis esperanzas. Presente, pasado y futuro. Te busco, una figura, un reflejo. ¿Un desliz, un acierto, un error?

Seas quien seas, estés donde estés, sé que existes. Sé que crearás fuego. Sé que crearás dragones, que nada importará, porque hubo un momento en el que no importó, porque en lo que realmente importa... ya no importa.
Quizás seas el reflejo que en ocasiones acierto a ver en mi espejo, que me devuelve burlón. Ese reflejo siempre será el todo... pero creo que seas quién seas, podrías ser la parte.

No es que todo esté mal. No lo está. Pero los tristes caminos de regreso en la soledad vacía, oscura y silenciosa de la noche, apelan a ese pensamiento, a ese recuerdo... o quizás a esa esperanza. Gritan, a veces desesperados, casi siempre confusos; voces que en momentos de lucidez como más o menos es éste, creo comprender.

Seas quien seas, estés donde estés, comparte mi silencio con una palabra. Comparte mi mirada. Seas un recuerdo, seas mi realidad, no seas tristeza. No seas más melancolía.

Sé nuevo viento y brisa nueva. Sé una pregunta, y cualquier tipo de respuesta. No el punto, sólo la coma. Sé incertidumbre, sé azar. Dibuja unas alas en tu espalda, todo vale, todo está permitido. Puedes ser felicidad.

Seas quien seas, estés donde estés... aparece y ¡vuela!

miércoles, 8 de junio de 2011

Desconectado



Me fascinan las cosas que pasan de forma inesperada, y en un momento dado tu mente sale fuera de la escena y piensas. ¿Por qué motivo estoy aquí, en este idílico paraje, donde los ancianos juegan como niños en un parque? Y empiezas a echar cuentas, uno y uno son dos; dos y uno tres, y de repente le sumas otro y ¡pam! ahí lo tienes, ¿¡siete!? Qué extraño, entre cuatro y siete hay una gran diferencia, la posición de los palitos. Porque todos sabemos, que no es lo mismo la curva que la recta, y viceversa. Pensareis que estoy diciendo una serie de verdades inconexas, o puede que quizá sean mentiras conectadas, en fin, eso concierne única y exclusivamente al juicio del juez que analice la jugada.

Y me llamarán loco, pues no señor, lúcido y descarado, de pensamiento simple, o quizá abstractamente recargado... si usted me quiere insultar, caballero; puede llamarme borrego descarriado. ¿Pero por qué comer de la hierba que pisa el rebaño, si por aquel camino hay otra más fresca y limpia? No creo que la vida tenga un manual, porque puede ser muchas cosas excepto una, específica. A ver si me explico, estoy harto de tanta patraña, de que intentes convencerme de una forma tan simple, ¿aun no te has dado cuenta de que yo le doy al coco mientras tu estas dándole al pico?

A veces, reflexiono sobre cosas complicadas, como por ejemplo en qué pensaría el que creó la historia de los duendes, espectros y hadas; y me fascina que pudiera crear tales seres de leyenda, una esperanza conmovedora; y es que si el príncipe me sale rana no pasa nada, con un simple beso ya lo tenemos, historia cambiada. Y ahora como todo está bien que empiece la atracción, y si nos lo permite Newton, que se convierta en algo más, y aunque no sea tan grave, lo podemos llamar gravedad.

Venga, a ver si lo coges, a ver si te enteras. Yo lucho por la libertad de mi mente, un intento por escapar del pasado, del futuro y del presente; y vivir de forma atemporal, hoy, mañana y siempre. Intento escalar a lo más alto de esta sociedad, para una vez que haya llegado mirar con vértigo antes de lanzarme en picado y volver donde esta mi sitio; porque arriba se vive bien, sin currar, sin pensar, preocupándose únicamente por la reserva del restaurante donde vas a ir a cenar, pero intelectualmente capado.

Hoy voy a reconocer una cosa, si, es cierto, yo también me he equivocado. Y me estoy dando cuenta ahora y eso que sucedió hace ya casi un año. La pereza es la capital de mi pecado, cuando te ofrecen lo fácil y lo tomas, sin arriesgarte a probar algo más complicado. A veces no estaría mal esforzarse un poco más, continuar andando, aunque te canses, a contracorriente, vadeando para al final lograr encallar en el lugar que has estado buscando. Tonterías escritas en un papel, al fin y al cabo al final es solo otra historia de la Navidad.

lunes, 9 de agosto de 2010

Reencuentro

Todo parece distinto... depende de nuestro corazón, de lo que nos evoque en ese momento, de algo más allá del entendimiento, algo que se siente y que se escapa a cualquier razonamiento. Y a veces, pienso en que podría haber sido y lo que no es; pienso en lo que tengo y en lo que se me escapó, y es que a veces, más de las que me convienen, pienso en ti.

Fue algo inesperado, algo que surgió de repente sin previsión y que crecía poco a poco, que se iba creando a si mismo lleno de color, alegría, esperanza y buenas sensaciones. Y al principio alzaba el vuelo una sola mariposa, con valentía y majestuosa, delicada y tremendamente hermosa; y esa una llamó a otra, y con el paso de los días fueron cientos de ellas las que mi estomago recorrían. Y sus delicadas alas me acariciaban, haciéndome cosquillas, provocando esa agradable sensación cuando te veía y se aceleraba el latido de mi corazón.

Y al escuchar tu voz, podía sentir lo mismo que cuando escucho una buena canción de alguno de mis grupos preferidos, o a una banda de música interpretar algún tema de Beethoven, o de Mozart... o una pieza de piano de Chopin. Música, una preciosa melodía, una letra cargada de sentimiento y cerrar los ojos, e imaginar un susurro tuyo cerca de mi oído, y notar tu cálido aliento, y pensar que estás aquí, junto a mí y que podemos conversar toda la noche, sin importarnos nada, sin tener en cuenta el paso del tiempo.

Y cuando se nos acaben las palabras, dejaremos que hablen nuestros cuerpos, coger tus manos y mantenerla entre las mías, acariciarlas; tan suaves, tan tiernas, tan expresivas, pequeñas y vivarachas, intentarán jugando escaparse pero siempre volverán para darme su calor cuando las mías estén frías. Pero esto ya es imaginación, porque nunca pasó, porque no tuve valor y ahora es una causa perdida... pero amigo, así es la vida.

Si, así es la vida, te ofrece los néctares más dulces, te los pone al alcance de tu mano, para que puedas verlos, olerlos y degustarlos. Te ofrece una agradable caricia llena de candor y cariño y después te la arrebata antes de que puedas aferrarte a ella. Te ofrece un leve susurro que en ocasiones no alcanzas a escuchar y no puedes atender a su petición. Y piensas que es todo tan sublime, tan perfecto, tan puro que no puede ser verdad... y no te atreves a tocarlo, a aferrarte a ello para no corromperlo con tus impulsos más banales.

Pero aprendes, pues de todo se aprende. Entiendes que si no lo tomas tú, al final otro lo hará suyo. Y no vale lamentarse, pues todo ocurre por un motivo, tanto lo bueno como lo malo.

“AYER TE PERDÍ, PERO QUIZÁ SEA PARA QUE MAÑANA VOLVAMOS A ENCONTRARNOS”